Santa Cruz de Tenerife

Durante el asedio de los ingleses a Santa Cruz de Tenerife en julio de 1656 los soldados y milicianos tinerfeños tuvieron que permanecer varios días en este paraje sin sombra donde poder amparase de un sol de justicia. Era necesario que alguien les acercara agua y alimentos para garantizare su supervivencia.

En aquellas circunstancias, un grupo de valientes aguadoras de Santa Cruz se ofrecieron voluntarias para trepar por los empinados escarpes de la Altura, llevándole agua, frutas y alimentos. Titánico esfuerzo el realizado por estas mujeres para ascender la escabrosa ladera, seguramente descalzas, cargadas hasta la extenuación, bajo el sol abrazador del verano y expuestas al fuego de los atacantes. Heroico proceder de aquellas mujeres, sin cuya ayuda, los soldados poco podrían haber hecho.

Informado de ello el comandante general y habiéndose descubierto una importante fortuna que no había sido enviada previamente a La Laguna, pidió a las valientes aguadoras que acompañasen a doña Hipólita Cibo Sopranis (esposa del alcaide de la fortaleza) y que la escondiesen en un lugar seguro y dejasen pistas por toda la ciudad para que si los ingleses tenían éxito, alguien en el futuro pudiese recuperar el tesoro.

¿Te gustaría intentar encontrarlo?

Sigue los pasos de nuestra protagonista y resuelve los enigmas que fue dejando por toda la ciudad.